Pasión
Pupilas y arterias dilatadas, cuellos y ojos enrojecidos y puños cerrados. Cuerdas vocales desgastadas, mentes agobiadas y espaldas contracturadas. Dedos cansados de scrollear, antebrazos que ya no pueden sostener el dispositivo celular y lo arrojan, involuntariamente, al rostro papudo del que es espejo. La guerra total de todes contra todes mainstream, tuiteada, lejana se lleva toda la pasión que somos capaces de experimentar, y deja al resto de la cotidianidad seca, en un desierto y soledad hostil, inerte, insoportable e insípido. Los cuerpos aislados y mediatizados sufren, sí; pero se trata de una dolencia enmascarada de una especie de heroicismo francamente pelotudo y peligroso, empujado por una promesa de felicidad futura sin respaldo en la experiencia, que no hace más que mistificar la atrofia afectiva. La dinámica de realidad-pantalla dificulta por un lado la propia percepción del sentir, y por otro exacerba aquello que se considera valioso de ser viralizado, sea fidedigno...