Marcha
Habitar la calle con una consigna colectiva es resignificar lo común. Es experimentar una alternativa de lo cotidiano: caminar sin rumbo fijo u horarios, conocer bares o sentarse en medio del asfalto, cantar con desconocidxs, ver la gente pasar, cancelar planes y cambiar dietas. Es trastocar el tiempo y el espacio de la rutina, en la cual se espera que ciertos cuerpos estén en ciertos lugares haciendo determinadas cosas. Es palpar que hay otra realidad posible. Es vivir el espacio como radicalmente propio, al volvernos agentes de cómo, cuándo, por qué y para qué se transita. Por tanto, una marcha es una estrategia de disputa del sentido, ya que establece un escenario otro, una fuga, un una tensión al orden establecido. Al orden de cuerpos, al orden de producción, al orden de legitimidad. Marchar, es decir, acordar este trastocamiento de lo establecido de forma masiva, es una forma de presionar la apertura del diálogo, al materializar con los mismos cuerpos una volunta...