Represión

 La represión estatal como estrategia del modelo neoliberal tiene límites. Funciona en tanto el gobierno que la ejerce tiene la legitimidad para hacerlo, pero no es fija ni estable.  En la Argentina, por ejemplo, la última dictadura cívico-militar no pudo mantenerse tras la pérdida del prestigio y de la aceptación social por la sostenida crisis económica y la derrota en Malvinas. 

El voto legitima también, pero siempre de forma limitada, transitoria. Es decir, no proporciona una legitimidad que necesariamente dure todo un mandato, no es un cheque en blanco. Esto no quiere decir que se quiebre bruscamente la continuidad en el cargo, o que no puedan solaparse o invisibilizarse medidas antipopulares. Alberto Fernández puede ser un buen ejemplo, dado que su última etapa como presidente desprestigiado por el conjunto mayoritario de la sociedad no implicó que deba subirse al helicóptero, pero sí debió desistir de sus pretensiones de reelección o de políticas más ambiciosas. 

De este modo la legitimidad está en constante proceso de puja y negociación, tiene dinámica. En el caso de Milei es innegable la legitimidad inicial proporcionada por la contundente victoria en las elecciones. En todo caso la pregunta que cabe hacerse es ¿cuánto tiempo durará? ¿a qué costo?. También es importante preguntarse, ¿cómo influye en esta legitimidad que los terceros gestionen amplios espacios decisivos en el estado? Dicho de otra forma, dada la imposibilidad del modelo colonial de frenar la crisis y cumplir las promesas hechas a la clase media y los sectores populares ¿cuánto tardarán en quitarle su apoyo aquellas personas que lo eligieron con la esperanza de mejorar sus condiciones de vida? ¿Hasta cuándo pueden seguir chamuyando con el “cambio”?

Mientras eso sucede serán otros los que intentarán poner freno al avance de las medidas y sufrirán la represión. No sólo concreta para los cuerpos laburantes cansados y precarizados, sino la simbólica y la social, conviviendo con quienes apoyan directa o indirectamente el plan sistemático de hambre al pueblo. Sin embargo sólo con represión el proyecto colonial no podrá sostenerse, el límite estará marcado por los márgenes de legitimidad que la sociedad le dispense. Legitimidad que se va diluyendo al apoyar la sube en el bondi, al comprar los pañales que pami ya no otorga, al buscar personalmente la comida que no llega a los comedores. La casta y las mentiras tienen patas cortas.


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