Patria

 A principios del siglo XIX, en tiempos de revolución rioplatense, hablar de patria remite a la necesaria convocatoria y por tanto interpelación de sujetos para una empresa de tal envergadura. Sin embargo, para los protagonistas hubiese referido a algo bien ubicado en lo local, lo porteño. Incluso la palabra argentino refería a los que vivían en Buenos Aires, al Río de la Plata. El extenso territorio comprendido bajo la soberanía del Estado Nacional de la Argentina, al que hoy algunos llamamos patria, es una construcción bastante posterior. Es decir, para el jujeño la patria era Jujuy, para el cordobés lo era Córdoba y la ciudad para los porteños. Esta manera de entender la patria es aplicable a otros grupos, otros territorios y otras épocas. Tiene la particularidad de des-naturalizar su existencia ya que la contextualiza en tiempo y espacio, y por tanto la vuelve radicalmente flexible, cambiante.

Hoy si preguntamos aleatoriamente a quienes nos rodean que piensan que es la patria seguramente obtendremos respuestas diversas. La idea del territorio delimitado por fronteras que entendemos por Argentina es una de las más habituales, incluso presente entre los más individualistas. La lógica es básica, pero no por eso menos correcta, dado que hablamos de un suelo donde habiten los argentinos. Sin embargo, en la actualidad el conflicto entre gobierno central y provincias reflota la particular disputa sobre lo que significa ser juntos y vivir en el mismo país, construyendo un proyecto social en conjunto (o no). El territorio entonces se queda corto para dar cuenta qué es la patria. 

La noción de patria necesariamente nos vincula con otros, en este sentido el famoso “la patria es el otro” como respuesta tradicional entre la militancia refuerza esta característica de la organización social. De modo que compartir el suelo implica acuerdos y representaciones  colectivas. Conlleva además rasgos culturales, formas de ser y de entender el mundo que vuelven esa patria un sentido constitutivo de las subjetividades involucradas. No se nace argentino, se hace. La idea de patria es siempre una construcción comunitaria que evoca una identidad compartida por un pueblo. Requiere cierto marco de reciprocidad y reconocimiento mutuo entre los integrantes de la misma. 

Es decir, no hay patria en $oledad, no hay una patria indiv!dual. No existe patria sin colectivo, sin sentido de lo común. Resulta, por lo tanto, un concepto irreconciliablemente antagónico a la lógica del individuali$m0 exacerbad@. La perspectiva del anarcoc@pitalism0, de las lógicas de m3rcado, de lib3rtad del c@pital, van a contramano de cualquier proyecto de realización de una comunidad porque en su concepción los vínculos se constituyen a través de la c0mpetencia, el otro ya no es un compatriota sino un competidor en el m3rcado. Por eso ante el avance de la derech@ y del neoliberal!$mo, las calles dicen “la patria no se vende”. Porque no alcanza con habitar el suelo, para ser argentinos hace falta reconocer también la soberanía y el destino común que nos espera. Como en la revolución, el tiempo que nos toca vivir nos demanda el mismo coraje y la misma convicción para defender nuestra libertad colectiva de la dominación. Sería prudente recordar la premisa jauretchiana de que si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende.

Y ante los cipay0$ y mediop3los entregad0res de ayer y hoy seguiremos gritando “patria sí, colonia no”. 

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