Memoria
La cri$is que atraviesa la Argentina tiene diversas aristas y causas, todas entrelazadas; pero un aspecto sobre el que nos detenemos poco es la memoria. La crisis de la memoria.
Envueltos en un blind@je mediático y clasista, repetimos lo que no logramos elaborar. En la vorágine de autoafirmación y lucha contra la evidencia empírica e histórica, en los debates atrincherados a lo 1914 nos sentimos peces en el mar; cuando en realidad más que océano es una pecera colmada de juguetes de plástico. El 0j0 algorítmico vulnera nuestro derecho a escuchar, a aprender y comprender que estamos todos en el mismo barco (esperemos que no termine siendo el ara san juan).
¿Cuántas veces hace falta pasar por lo mismo? Que no es lo mismo per se obviamente, pero que se vive así, con el desgano y la frustración de tener que levantar nuevamente el castillo (de naipes o de arena, en todo caso, efímero y volátil). Un eterno retorno de la desgracia nos pone de rodillas ante nosotros mismos, como nación, como pueblo, como argentinos. Porque en definitiva, la memoria es una cuestión personal pero también colectiva, y se va construyendo, cuidando y valorando en conjunto.
Es cierto que Milei y LLA son un fenómeno novedoso, caracterizado por lo estrafalario y lo bizarro pero sobre todo por una total rebeldía contra la evidencia. Sin embargo, su modelo de país-colonia es el mismo que el de Videla-Martínez de Hoz, Menem-Cavallo, De La Rua- Cavallo y Macri-Caputo. Y los mismos serán sus resultados. El esquema de endeudamiento y privatizaciones, sostenido a través de la represión, viene de larga data. La última dictadura implicó un profundo cambio en la estructura económica de la Argentina, aunque bien podríamos estirarnos hasta el rodrigazo. La financiarizacion de la economía con su consecuente desindustrialización, desempleo y deterioro de las condiciones laborales que se experimenta en el periodo del poder desaparecedor no termina en 1983 con la transición democrática. Muy por el contrario, se profundiza con el esquema de privatizaciones y la convertibilidad en la etapa noventista y encuentra su funesto final en el 2001. Estamos a tiempo de activar los reflejos y poner el cuerpo (siempre los mismos, siempre desde los márgenes) para anteponernos a semejante atropello e ironía.
La crisis de la memoria se relaciona en buena medida con los baches que necesariamente se generan ante situaciones intolerables, ante el horror, ante lo que no podemos creer que fuera verdad. Esa negación que nos permite seguir adelante, también arrastra continuidades de ese espanto en el presente, lo cual es grave y muy peligroso. Ya hablamos de la p0lítica negacionista de la dictadura cívico-militar desde la perspectiva de la violencia y la persecución política. Pero hace falta profundizar, como CFK el día de hoy, en las continuidades y rupturas históricas, económicas y políticas desde allí hasta la actualidad. No solamente para insistir en que esta parodia degradada de gobierno no es un cambio sino la sistemática estafa a los trabajadores refritada y maquillada; sino para poder mirar a la bestia a los ojos y comenzar, como ya lo hicimos, a construir la resistencia y a poner el país de pie nuevamente, a volver realmente mejores.
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