Trabaj0
Pr3carizado, d3valuado, bastard3ado. Agón¡co, etern0, @gotador. Insufici3nte, ingr@to, intoxic@do. Otro e$tallid0 obliga a repensar lo elemental, a seguir discutiendo el eje más antiguo y problemático de la organización de lo social.
¿Qué es trabaj0?
Se podría empezar diciendo que trabajo son aquellas actividades y acciones necesarias para sostener y propiciar la existencia humana. Alimentarse, reproducirse, cuidarse. Distintas culturas han encarado el desafío de existir de diversas formas a lo largo de la historia. La famosa anécdota del fémur soldado de Margaret Mead es un ejemplo acorde. Ella sostiene que en tiempos de antaño, cuando los homínidos eran nómades y se trasladaban en busca de alimento y refugio, se encontró un fósil de un fémur soldado. Eso significó, en momentos de alto riesgo y austeridad, dedicar tiempo, esfuerzo y recursos a que una persona “inactiva” pueda transitar el cuidado que implica una lesión semejante. Mead sostiene entonces que ese hecho marca el comienzo de la sociedad como tal, en la cual los seres individuales se vuelven gregarios.
Pero el sistema capitalista introducirá un elemento clave que transformará eso que consideramos trabajo: el di#ero. El di#ero o valor de cambio modifica los objetivos del trabajo, ya que no se enfoca en la existencia humana sino en la acumulación de valor, la ganancia. Ya no se trabaja por la utilidad o necesidad social de aquello que se elabora, sino que es en pos de obtener di#ero, con el que luego se podrían obtener dichas cosas, en teoría. Por tanto, acciones elementales para el sostenimiento de la vida dejarán de ser trabajo. Actividades contrapuestas a la supervivencia sí lo serán. Entonces, contra toda coherencia, el trabaj0 es lo que el m3rcado decida.
¿Quiénes trabajan?
Siguiendo esta lógica, trabajadores son aquellas personas que perciben una retribución monetaria por eso que hacen. En el sistema capitalista actual esta división se materializa en el salario, el cual estructura la organización social y muchas de las dinámicas familiares. Esto conlleva a denostar otras formas de organización en las cuales las tareas repartidas y los quehaceres de sostén de lo vital son el fundamento de su existencia. Automáticamente, las acciones o actividades sin un reconocimiento monetario resultan en no-trabajo. A pesar de que sigan siendo fundamentales para la vida, como cuidar o cocinar.
Pero además, ya no hay sueldo con el cual identificar aquello que esta sociedad considera trabajo. Por tanto, se dificulta reconocer a les trabajad0r3s como sector social consolidado y representativo. Comisiones, contratos, bonos, subsidios, programas sociales, monotributo, más de un empleo, mitad de la retribución registrada y mitad en “negro”. Todas estrategias que evaden el salario y que implican grandes cambios en la experiencia laboral y empobrecen las condiciones de vida.
Por tanto, trabajar trabajamos todes; pero sólo una pequeña parte es reconocida, y se desarrolla a partir de criterios de acumulación y no de necesidad real. Lo novedoso de este tiempo es que ya no hay acceso al crédito, ni estabilidad, ni capacidad de planificación para nadie, ni registrados ni en negro. La precarización nos alcanzó a todos y lo que nos une es que el dinero, motor de la lógica de mercado, ya no alcanza.
¿En qué condiciones se trabaja?
Al no ser esenciales las tareas de sostenimiento de la vida (como sí lo fueron durante la pandemia del COVID 19) sino que el trabajo es por di#ero, las condiciones serán lo que cada persona esté dispuesta a soportar para recibirlo, incluso en detrimento de su propia existencia. El m3rcado indica qué es trabajo y en qué condici0nes. Tiempo, tarea, rendimiento, descansos, remuneración, seguridad, aptitud. Siempre el doble por la mitad.
Además, aquelles que trabajen de manera no registrada, no tendrán recibo de sueldo, sindicato u obra social. Condiciones que no son beneficios sino herramientas de seguridad social, derechos conquistados. ¿Por qué buscan "m0d3rniz@r" el trabajo desregularizando estas instancias básicas? Para terminar de destruir aquello que identifica a una inmensa mayoría de personas y que tiene la potencia de, al menos, exigir condiciones dignas. Para instalar un halo de autosuficiencia y meritocracia que no es más que el desamparo y la instalación del “pobres contra pobres”, en una jungla de mezquindad y apatía.
De hecho, el primer golpe al gobierno liberal de Javier Milei se lo dio la Confederación General del Trabajo, mientras el progresismo porteño y la izquierda tuvieron poco que aportar. Es curioso, estamos hablando de la más potente de las herramientas disponibles pero conducida por dirigentes fuertemente desprestigiados. Claro que es un desprestigio vinculado a los ataques siempre al día de la prensa hegemónica, pero también porque han sido demasiado amigos del poder real en la Argentina y en los últimos tiempos bastante ausentes en las luchas populares. La complejidad de la trama que nos toca está totalmente exenta de pulcritud, tiene matices y miserias, fuerza y potencia, como todo, como los trabajadores mismos.
¿Para qué trabajamos?
Para sobrevivir. No para producir los 1500 millones de dólares diarios para los cuales el capital nos necesita mansos y cumpliendo horario, agradeciendo sus migajas. Trabajamos para imaginar, para enamorarnos, para comer y para besar. Trabajamos por la ilusión y por el deseo, por vocación y por necesidad. Trabajamos para ser mejores y para $afar. Tanto más fácil en comunidad, tanto más sencillo si es con y por otres.
Trabajar todes, trabajar menos, repartirlo todo.
Comentarios
Publicar un comentario